En la figura del Apóstol Santiago, el amor verdadero se curte en el dolor y en la cruz. Poco se conoce de su historia, sin embargo es digna de imitar por todo cristiano.
Después de Dios, nada hay tan grande y excelso como su Madre Santísima. Después de María, no puede imaginarse nada más sublime que su virginal Esposo y el Padre nutricio de Jesús.