La gran promesa del Sagrado Corazón de Jesús es muy consoladora: la gracia de la perseverancia final y el gozo de encontrar en su Sacratísimo Corazón un refugio seguro de misericordia en nuestra última hora.
Juan Pablo II nos enseña tres condiciones para poder encontrarnos con Dios: Pureza de vida y de corazón; Pureza de religión y culto; Justicia y rectitud.