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¿Hay condenados en el infierno? PDF Imprimir E-Mail
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Escrito por Administrador   
Image¿Realmente podemos condenarnos e ir al infierno? Hoy día algunos pretenden que el infierno está deshabitado. Piensan que no hay condenados de hecho. Los textos que hablan del infierno no serían más que amenazas que nunca se realizarán. Orígenes admitía condenados temporales, ahora se niega la existencia misma de condenados

 

Autor: P. Carlos M. Buela, IVE | Fuente: www.iveargentina.org

La fe católica afirma sin ambages que hay condenados en el infierno y que no fue destruido por Jesucristo. Como dice el Catecismo de la Iglesia Católica, citando enseñanzas anteriores del Magisterio de la Iglesia: “Jesús no bajó a los infiernos para liberar de allí a los condenados  ni para destruir el infierno de la condenación , sino para liberar a los justos que le habían precedido”. Por eso enseña Mons. José Capmany Casamitjana, Obispo Director Nacional de las Obras Pontificias Misionales de España: “Lo cierto es que el infierno existe y que allí hay y habrá condenados”, y los que tienen un mínimo de sentido común deducen: “Y yo puedo ser uno de ellos. Pondré todos los medios para evitarlo”.

Ciertamente que la Iglesia no tiene poder para declarar quienes son los que se han condenado. No existe una suerte de canonización al revés. Más aún, la incapacidad que tiene la Iglesia para señalar quien está en el infierno, es salvífica. En la Iglesia, nadie tiene poder para destruir, sino sólo para construir: “...conforme al poder que me dio el Señor para edificación nuestra y no para destruir” (cf. 2 Cor. 13,10).

Se cuenta de San Vicente Pallotti que un día el santo sacerdote acompañaba al suplicio a un asesino del peor género, que rehusaba obstinadamente arrepentirse, se mofaba de Dios y blasfemaba hasta en la pena. El P. Palotti había agotado ya todos lo medios de conversión: estaba en el tablado al lado de aquel miserable; bañado de lágrimas el rostro, se había echado a sus pies, suplicándole que aceptase el perdón de sus crímenes, mostrándole el anchuroso abismo en que iba a caer. A todo esto, el criminal había respondido con un insulto y una blasfemia, y su cabeza acababa de caer al golpe de la fatal cuchilla. En la exaltación de su fe, de su dolor e indignación, y también para que aquel horrible escándalo se trocase para la muchedumbre de los asistentes en saludable lección, el piadoso eclesiástico se levanta, toma por los cabellos la ensangrentada cabeza del ajusticiado y presentándola a la multitud: “¡Mirad!, exclamó con voz atronadora; ¡mirad bien!; ¡he aquí la cara de un condenado!” Se dice que este sólo hecho basto para retardar el proceso de beatificación. ¡Hasta tal punto la Iglesia es misericordiosa!.

En nombre de la misericordia divina

Hacia el 420 San Agustín indica distintas teorías sobre el infierno, actuales en aquel entonces:

1- Algunos creían que todos los pecados eran expiados en vida o después de morir;
2- Otros sostenían que Dios no condenaría a nadie por la intercesión de los santos;
3- Otros sostenían que ningún bautizado, ni aún los herejes, se condenarían;
4- Había quienes limitaban la salvación a todos los bautizados en la Iglesia católica, que aunque cayesen en idolatría y ateísmo no se condenarían para siempre;
5- Otros decían que los que perseveraran en la fe, aunque cayesen en pecados graves, se salvarían;
6- Algunos afirmaban que sólo se condenarían los despiadados.

S.Agustín

San Agustín refutó todas esas teorías: “Después del juicio final unos no querrán y otros no podrán pecar... Los unos viven en la vida eterna una vida verdaderamente feliz, los otros seguirán siendo desventurados en la muerte eterna, sin poder morir: ni unos ni otros tendrán fin... La muerte eterna de los condenados no tendrá fin y el castigo común a todos consistirá en que no podrán pensar ni en el fin, ni en la tregua, ni en la disminución de sus penas”.

¡Qué diferencia! Antes se decía que había un cartel en la entrada del infierno: “Los que entráis aquí abandonad toda esperanza”; ahora cambiaron la leyenda del cartel por: “Prohibido entrar”.

Antes: “Aquí no hay salvación”; ahora: “Se alquila. Desocupado”.

Antes los malos iban al infierno; ahora si hay infierno "Dios es malo".

San AlfonsoMucho tiempo atrás ya advertía San Alfonso María de Ligorio, Doctor de la Iglesia, sobre los misericordiosistas: “Pero ¡Dios es tan misericordioso! Sí; es misericordioso, pero no es tan estúpido que vaya a obrar irracionalmente; ser misericordioso con quienes quieren continuar ofendiéndole no sería bondad, sino estupidez de Dios. Dice el Señor: ¿Ha de ser malo tu ojo porque yo soy bueno? (Mt 20,15) Y porque yo soy bueno, ¿tú quieres ser malo? Dios es bueno, pero también es justo, y, por tanto, nos exhorta a observar su santa ley si queremos salvarnos: Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos (Mt 19,17). Si Dios fuera misericordioso con todos los hombres, buenos y malos; si concediera a todos la gracia de convertirse antes de morir, sería ocasión de pecado hasta para los buenos; pero no, que cuando llega el término de sus misericordias castiga y no perdona más. Y mis ojos no se compadecerán de ti ni me apiadaré (Ez 7,4); por lo que nos avisa: Rogad que vuestra fuga no sea en invierno ni en sábado (Mt 14,20). En el invierno no se puede actuar por el frío ni en el sábado por la ley; lo que significa que para los pecadores impenitentes vendrá tiempo en que quisieran darse a Dios y se verán impedidos de hacerlo por sus malos hábitos”.

Si Dios salvase a todos, si quisiese con voluntad eficaz la salvación de todos los hombres, sean buenos o sean malos, Dios sería ocasión de pecado aún para los buenos, o sea, que si no castigase a los malos induciría a los buenos a que se hiciesen malos, ya que sería lo mismo. Ese absurdo, que en Dios no se da, sí se da en predicadores, catequistas o formadores que niegan el infierno por el motivo que fuese.

Si Dios quisiese con voluntad eficaz la salvación de todos los hombres, ¿para qué la Encarnación de su Hijo?, ¿para qué la muerte en cruz?, ¿para qué la Iglesia?, ¿para qué el Papa, los obispos, los sacerdotes y diáconos?, ¿para qué la nueva evangelización?, ¿para qué...?

Sin eternidad es imposible que haya vocaciones a la vida consagrada:

Los infernovacantistas lo único que han dejado vacíos son los conventos, los seminarios y los noviciados. Muchos se quejan de que no tienen vocaciones, pero si no creen en la eternidad, ¿cómo podrán convencer a los jóvenes que vale la pena entregarlo todo por Cristo? En toda decisión vocacional a la vida consagrada está presente la dimensión escatológica. Cuando ésta falta, falta la motivación para hacer algo que valga la pena. Sin eternidad es imposible que haya vocaciones a la vida consagrada: “...es constante la doctrina que la presenta como anticipación del Reino futuro. El Concilio Vaticano II vuelve a proponer esta enseñanza cuando afirma que la consagración ‘anuncia ya la resurrección futura y la gloria del reino de los cielos’. Esto lo realiza sobre todo la opción por la virginidad, entendida siempre por la tradición como una anticipación del mundo definitivo, que ya desde ahora actúa y transforma al hombre en su totalidad”.

 

 


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