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Hay un tema, que no gusta ni a paganos ni tampoco a los cristianos. Me refiero al tema de la confesión. Los católicos sabemos, que en la confesión sacramental obtenemos el perdón total de nuestros pecados, es decir: de nuestras faltas, nuestras macanas, las desidias y la ausencia de lo que debíamos cumplir responsablemente, y no lo hemos hecho.
Escuché decir con mucha soberbia: “Yo no me confieso nunca con nadie.” A esto quisiera responder con una frase del famoso predicador Graham Greene: “La mayoría de las personas prefieren confesar los pecados de los demás.” Por esa razón dice el poeta y filósofo alemán Wilhelm Busch: “Chismear significa: confesar los pecados ajenos.” Sería una soberbia bien grande decir o pensar siquiera, que no tienes ninguna falta y que siempre has cumplido con todo a carta cabal. ¡No existe tal cosa! Por eso, León Daudi tiene toda la razón al decir: “Qué difícil es ser grande en los defectos y no avergonzarse de confesarlo.”
“Lo que debe hacer el cristiano es confesar su pecado – sin excusas, sin pretensiones, sin autojustificaciones de ningún género”, dice Anthony de Mello. Ser un grande significa entonces, que tienes la capacidad de aceptar que has fallado y “bancar” con aquello. Y si no tienes suficiente valor para ser tan humilde, puede pasar lo que Jean de La Fontaine (1621-1695), el fabulista francés, expresa así: “La vergüenza de confesar el primer error hace cometer muchos otros.”
Existe otro problema cuando quieres minimizar las cosas: es que puedes engañarte a ti mismo, pero no así a Dios. La Rochefoucauld opina en ese sentido: “Confesamos nuestros pequeños defectos para persuadirnos de que no tenemos otros mayores.”
Hay algo más: La confesión mucho tiene que ver con la sinceridad, no sólo en lo personal. También en la política tantas veces echamos de menos esa sinceridad, a las personas para quienes blanco es blanco y negro es negro. Te da que pensar lo que dijo nuestro famoso Arzobispo de Asunción, el difunto Mons. Juan Sinforiano Bogarín; escribe en “Mis Apuntes”: “... porque es de saber que el paraguayo - aún el más incrédulo - es muy capaz de hacer todo - hasta confesarse y comulgar - para prosperar en sus ideas políticas...” ¿Crees que tiene razón? – Y hablando de política, Merrill Cook opina: “La política se parece mucho a la religión, sólo que, tratándose de política, es el adversario quien confiesa nuestros pecados.” Pero creo, que vos y yo debemos mirar antes que nada en lo nuestro propio. Como católico tienes la seguridad, de que puedes arreglar tus falencias, tus “metidas de pata” – al menos frente a Dios.
Te dejo con una palabra de Mahatma Gandhi, que ni siquiera era católico. Dice: “La confesión de los errores es como una escoba que quita el polvo y deja la superficie más limpia que antes.”
Y a vos, ¿qué te parece?
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