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Hay algo, que escuchamos cada día, y eso con más frecuencia: “No tengo tiempo.” ¿Será que alguien tiene tiempo todavía? Ni siquiera los jubilados ya tienen tiempo, porque según ellos, ahora deben arreglar tantas cosas todavía, para las cuales antes no había tiempo. Parece que Sydney Harris está en lo cierto al decir: “El momento de descansar es cuando no se tiene tiempo para ello.” Tal vez son los enfermos los que tienen más tiempo – pero para ellos ese tiempo no quiere pasar.
Al no tomarte el tiempo suficiente – ni siquiera para ti mimo - me parece necesario considerar, que en realidad nuestra manera de utilizarlo es más importante que la forma de gastarnos el dinero. Los errores pecuniarios son corregibles, pero el tiempo jamás se recupera. De esto te darás cuenta a más tardar, cuando se te muere un ser querido y tendrías que culparte por no haberle dedicado el tiempo que ambos en realidad se merecieron.
Es cierto lo que dijo ya el viejo Séneca, que “nos quitan parte del tiempo; otra porción trascurre agradablemente, y otra se nos escapa sin que lo sintamos”, aunque creo firmemente, que nosotros mismos nos quitamos la mayor parte del tiempo y no lo empleamos donde más debería ser. Michael Gross lo expresa de esta manera: “No es que tengamos demasiado poco tiempo en la vida, desperdiciamos demasiado de él.”
Y si estuvieras de opinión, que el tiempo es algo de lo más caro que poseemos, entonces “la pérdida de tiempo es el mayor de los derroches”. Así dice Benjamín Franklin. Cierto es también, que sólo con los seres queridos compartimos lo que más apreciamos – incluso el tiempo; pero hay otra verdad, que a veces no queremos aceptar, y sobre lo que Platón habla así: “Los amigos se convierten con frecuencia en ladrones de nuestro tiempo.” Es el caso, cuando no te dejan hacer lo que en este momento sería más importante todavía. Creo, sin embargo, que nosotros mismos somos los mayores ladrones de nuestro propio tiempo, sobre todo cuando lo empleas para cometer tonterías, cuando desperdicias el tiempo en vez de hacer algo más importante, o cuando simplemente no haces nada útil o no haces absolutamente nada. “El tiempo que huye no puede ser recuperado”, dice el poeta romano Virgilio, aunque no es el tiempo que huye, sino que nosotros ahuyentamos este precioso don que Dios nos regaló.
Una cosa buenísima tiene el tiempo, sobre todo cuando tenemos mucho a disposición: “No hay angustia ni derrota que el tiempo no borre o atenúe”; así dice Juan de Ibarbourou.
Te dejo con el siguiente pensamiento de Carl Sandburg: “El tiempo es la única moneda que tenemos en la vida, y sólo nosotros podemos decidir cómo gastarla. Hay que tener cuidado, no sea que permitamos a otros gastarla por nosotros.”
Y a vos, ¿qué te parece?
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