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El compromiso de novios – paso previo al compromiso matrimonial – no era sólo importante en épocas de la Sagrada Familia; también en nuestros tiempos se solía celebrar el “Compromiso” de ellos. Existe incluso un Ritual de la Iglesia Católica para bendecir este compromiso.
Parece, sin embargo, que estas prácticas y sus tiempos han pasado “de moda”. No sé si apruebas lo que muchos dicen de nuestra gente, especialmente de los varones: que no quieren comprometerse para nada, y mucho menos para “formalizar” una unión familiar. Escuché personalmente que un señor me contestó a la pregunta, por qué no hace los trámites para casarse después de tener ya tres hijos, dijo que todavía no sabe, si el día de mañana va a seguir amando a su mujer. Creo firmemente que en este caso no lo va a hacer, porque encontrará una más joven, una más linda y una más nueva… ¡eso es evidente! Pero dígame. ¿Qué clase de concepto de vida, de responsabilidad y de compromiso puede tener alguien tan inmaduro y egoísta?
La francesa Angelina Joie escribe: “La única forma de que la vida valga la pena, es comprometerse con ella al máximo.” Dice “… al máximo”, no al “ñembotavy” ni al “vaí-vaí”. Lo mismo vale para tu vida cristiana: sólo “al máximo” vale la pena vivir, no al “vaí-vaí”.
Aparte de ser egoísta, de no querer o no tener la capacidad de comprometerse para algo responsablemente, muchos no toman en serio un compromiso de novios, porque no tienen conceptos claros en cuanto a su propio futuro. Todo el mundo sabe, que nadie es igual al otro; hay tantas clases de diferencias, y eso no es sólo negativo. Es positivo en el sentido que el otro puede aportar a mi vida lo que yo mismo no poseo. No sé si compartes, lo que alguien dijo: “Si los hombres se portaran de casados como se conducían durante el noviazgo, no habría ni la mitad de divorcios, pero sí lo doble de bancarrotas.” Es que antes prometen el oro y el moro, pero después – se manejan como muchos políticos en épocas de elecciones…!
Me gustó lo que Anne Roiphe escribió en “Family Circle”: “Las novias y las embarazadas se ven radiantes y bellas, no porque se hayan maquillado, sino porque son felices. Una mujer de sonrisa franca y expresión dichosa tiene un tipo de hermosura que no depende de sus atuendos.” Es la belleza que nace de la expectativa, de la confianza en el compromiso del novio. Lástima, que tal belleza tantas veces se convierte en caras amargadas por la falta de responsabilidad del otro.
Te dejo con un pensamiento de Enrique Rojas: “Todo amor verdadero es comprometido y todo compromiso implica esfuerzo. No hay amor auténtico si no existe un compromiso voluntario de cuidar y atender a la persona amada, porque el amor es brindarse, proyectarse juntos, ofrecer lo que se es y lo que se tiene.” Este fue el caso del gran novio José, padre terrenal de Jesús.
Y a vos, ¿qué te parece?
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