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Personalmente no conozco ningún desierto, solamente por fotos, y francamente no quisiera estar allá más de una hora, aunque posiblemente a vos te haría bien poder desconectarte un tiempo de todo aquello que continuamente te acecha. Pero estar solo por más tiempo, prácticamente aislado de todo, especialmente de los seres humanos, eso ha de ser pesado.
La imagen del desierto, de todo lo seco, de lo inhospitalario, de la soledad, eso se utiliza también para describir otras realidades. Pat Conroy, en “Beach Music”, dice por ejemplo: “Sin música, la vida es un viaje por el desierto.” Podría ser una realidad para un gran amante de música.
En otro orden: recuerdo que algún Profesor nuestro en épocas de la Secundaria nos dijo con cierta desesperación: “En esta clase se habla como en el desierto.” Aunque nosotros recibimos aquella crítica con sonrisas, porque no todo el mundo es tonto, él por lo visto creía, que hablaba de balde. El escritor británico Clive Staples Lewis (1898-1963), refiriéndose al tema de la educación expresa: “La tarea del educador moderno no es podar las selvas, sino regar los desiertos.” Son imágenes que no aciertan toda la realidad, pero el educador ciertamente tiene que procurar que crezca y florezca algo. Se supone, que alguna semilla entre los jóvenes debe existir en este desierto.
Pero hasta el desierto puede tener sus bellezas. Especialmente después de una de las escasas lluvias suele aparecer un paraíso de flores – aunque por poco tiempo. El conocido aviador y escritor francés Antoine de Saint Exupéry (1900-1944) escribió: “Lo que embellece al desierto es que esconde un pozo en alguna parte.” El pozo es símbolo de vida por tener agua, ese líquido tan vital. Me hago la pregunta: ¿Será que tú y yo no deberíamos ser algo como un pozo para otros en el desierto de nuestra vida, cuando es difícil ver hacia dónde habría que dirigirse?
Habrás escuchado que incluso algunos Santos hablaron de su desierto en el sentido que ellos también se encontraron a veces sin orientación, aparentemente sin esperanza. Honoré de Balzac (1799-1850), otro escritor francés decía: “El desierto, eso es Dios sin los hombres.” Yo opino lo contrario: El desierto son los hombres sin Dios. La vida diaria te lo demuestra, que sin EL todos andan mal y sin rumbo acertado. Juan el Bautista ya dijo, que está gritando en el desierto (Mt 3,3), para los que no quieren escuchar, y que es sumo tiempo para cambiar de rumbo y preparar el camino hacia el Señor, que en definitiva es único camino para tu felicidad. Pero cierto es también que lo malo de la gente hoy día es, que desea llegar a la tierra prometida, a la felicidad, sin haber cruzado antes el desierto, es decir: antes de luchar, hacer esfuerzos y sacrificios.
Te dejo con un pensamiento de Anthony de Mello: “El desierto es el crisol en que se forjan el apóstol y el profeta. El desierto, no la plaza pública.”
Y a vos, ¿qué te parece?
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