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El amor es lo único que crece cuando se reparte; el cristiano no puede
encerrarse en su egoismo sin compartir con otros no solo los bienes
materiales sino sus propias ferzas y talentos.
No todos pasan o han pasado tiempos de penuria, de hambre, de falta casi
de todo, al menos en lo material. Recuerdo en mi tiempo de la Primaria, pocos años
después de la
Segunda Mundial, no todos los alumnos
tenían algo para comer en el recreo, y que a veces compartimos lo poco nuestro
con alguien que no tenía. Inolvidables me quedaron esas miradas de aquellos, en
parte muy sorprendidos por la gentileza, pero siempre muy
agradecidos. Guerra
Mucha razón tiene el filósofo y teólogo danés Kierkegaard al decir:
“Parte y reparte “el que tiene”, y comparte “el que es”. Ciertamente puedes dar
sólo aquello que tienes – y tampoco me refiere únicamente a lo material, a las
cosas que posees, porque amor, comprensión y perdón únicamente puedes dar, si en
tu corazón cuentas con esa clase de riquezas.
Aplaudo a aquellos padres de familia, que siempre insisten a sus hijos
que compartan sus cosas con los hermanos: sus juguetes y sus golosinas. Me
conmovió una vez al ver, que una nenita partió con sus dientes un caramelito
para dar la otra mitad a su hermanito más chiquito. Ya aprendió - tal vez sin darse cuenta. En realidad
ya es un grande y muy rica. Un proverbio africano dice con toda la razón:
“Compartir
significa riqueza”, porque aquel que es capaz de compartir con otros, se hace un
regalo a sí mismo. Y esa clase de riquezas debería tener nuestro país – pero en
abundancia!
Hay algo más: El saber compartir no solamente confirma que eres un
verdadero grande, sino esa grandeza te proporciona además satisfacción y
felicidad. Por eso dice Jane Porter: “La felicidad no es
perfecta, hasta que no se comparte.”
No son ideas puramente teóricas, sino se reflejan en muchas sabidurías de
los pueblos, y se han plasmado en proverbios, como aquel de Suecia que dice:
“Una alegría compartida se transforma en doble alegría; una pena compartida, en
media pena.”
Aquí salta a la vista otro logro que puedas tener al saber compartir: lo
tuyo y a ti mismo. Me refiere al dolor – tanto físico como en el alma, a la
pérdida de un ser querido. Estar al lado de alguien que sufre, cuando sientes
con esa persona toda su pena, tal vez lloras con ella – te aseguro, que aquel
dolor se hace mucho más aguantable.
Más de uno ha tenido malas experiencias con respecto al compartir o
repartir, especialmente cuando sólo quieres pensar en ti mismo. De repente salen
otras facetas del hombre. Escuché decir: “No digas que conoces cabalmente a un
hombre, mientras no hayas repartido con él una herencia.” En eso te darás cuenta
con seguridad, qué grandeza posees tú y el otro
también.
Te dejo con un pensamiento del escritor francés Antoine de Saint-Exupéry:
“El amor es lo único que crece cuando se reparte."
Y a vos, ¿qué te parece?
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