Un pecado es la transgresión consciente y voluntaria
de lo que Dios nos pide. – Lo que pasa es, que muchos quieren minimizar esas sus
transgresiones, sus pecados.
Si quisieras comparar la cantidad de católicos que se acercan al
confesionario hoy con los de años atrás, entonces te da la impresión que hay
menos pecadores ahora o que muchos no saben más lo que es un pecado o no quieren
saberlo. En este sentido ya dijo hace más de 50 años el Papa Pío XII: “El pecado
del mundo de hoy es haber perdido la conciencia del pecado.” Y si habla de la
conciencia, esto puede significar que nunca se la ha formado bien o se hace caso
omiso. Si los pequeños comienzan a robar – aunque cositas -, y el papá se ríe y
aplaude la supuesta astucia de su vástago, entonces se trata simplemente de una
deformación de la conciencia en esa casa. Y cuando está deformada desde pequeño,
costará reformarla siendo grande.
Para aclararlo bien: Un pecado es la transgresión consciente y voluntaria
de lo que Dios nos pide. – Lo que pasa es, que muchos quieren minimizar esas sus
transgresiones, sus pecados. Algunos hablan de la “mentirita piadosa”. No existe
tal cosa, sino sólo “mentirazos”. Oliver Wendell Colmes opina: “El pecado tiene
muchos instrumentos, pero la mentira es la manija que encaja en todos.”
Y cuando algunos todavía se confiesan, ocurre lo que el famoso predicador
Graham Greene dice: “La mayoría de las personas prefiere confesar los pecados de
los demás”. Eso, porque es más fácil y agradable rebajar al prójimo que a sí
mismo.
Pecar o transgredir lo que Dios nos impone – no por capricho, sino porque
a todos nos conviene, eso significa según el teólogo Leonardo Boff, que “el
pecado afecta a la savia del árbol de la vida, porque envenena sus raíces. Es
como un corte que impide que pase la fuerza vital; deja la llaga abierta,
sangrando y consumiendo la vida.”
Y ¿cómo salir del pecado o lograr el perdón, el borrar de eso? Lucio
Anneo Séneca, el filósofo hispano-romano, ya antes de la época de Cristo dijo:
“Quien se duele de haber pecado es ya casi inocente.” Incluso Mahoma se expresa
de manera semejante al decir: “El que se arrepiente es como el que no ha
pecado.” – De modo que el aceptar de la propia falta, el sentir lástima y dolor
por lo mal hecho o el bien que dejé de hacer, eso es el primer paso para lograr
el perdón divino.
El segundo paso te señala Anthony de Mello: “Lo que debe hacer el
cristiano es confesar su pecado. Sin excusas, sin pretensiones, ni
autojustificaciones de ningún género.” Eso cuesta, porque tienes que ser sincero
contigo mismo. El mismo Anthony de Melo agrega que “el perdón de los pecados es
para Jesús un asunto mucho más vital que la salud corporal o la prosperidad
material”.
Te dejo con un pensamiento de San Agustín (354-439): “Dios lo que más
odia después del pecado es la tristeza, precisamente porque nos predispone al
pecado.”
Y a vos, ¿qué te parece?
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