Teresita del Niño Jesús también es madre y maestra de la vida espiritual.
La maternidad espiritual de Teresita del Niño Jesús y
de la Santa Faz.
Teresita quería ser, por su unión con
Jesús, madre de las almas. Y Dios se lo concedió.
¿Qué es
una madre o un padre naturalmente hablando?:
Aquellos que dan
la vida al hijo.
¿Qué es una madre o un padre
espiritual?:
Aquellos que dan la vida de Dios, la gracia, que
engendran un hijo o una hija espiritual (que puede ser
también el hijo engendrado naturalmente, ya que los padres deben
ser los primeros comunicadores de la vida de la gracia)
y lo alimentan en el camino de la santidad, en
la comunidad familiar que llamamos Iglesia doméstica.
Jesús le dio a
Teresita un signo claro de que la escuchaba y de
que la iba a convertir en madre de muchos, cuando
llegó a sus manos un periódico que anunciaba la condena
de Pranzini a muerte, un peligroso asesino y delincuente de
aquella época.
Aunque era impenitente y se declaraba ateo, Teresita
le pidió a Jesús un signo de conversión antes de
su muerte.
“Probó” a Jesús en su unión con ella.
Probó la eficacia de su maternidad e intercesión. (Recordemos la
lucha de Jacob con el Ángel de Yahvéh, a quien
vence y éste cambia su nombre por el de Israel).
Y
Jesús se lo concedió.
Y he aquí que, en el momento
previo a la ejecución, Pranzini besó con devoción la cruz
que le aproximó el capellán en tres oportunidades.
La vocación al
Amor.
Es característica de la espiritualidad de Teresita, el tratar de
reconocerse dentro del Cuerpo Místico de Cristo en su propia
vocación, y tratar de buscar qué es lo que Dios
quería de ella.
Anhelaba ser misionera, mártir, sacerdote...
Y I
Corintios le dio la respuesta:
Ella quería ser el compendio
de todas las vocaciones:
Entonces, en el corazón de la
Iglesia, que es nuestra Madre, ella decidió ser el Amor.
Y
el Amor engendra hijos para el Amor, para Jesús, para
Dios.
Porque la Iglesia tiene un corazón, y por el Amor
que hay en Él, dan la vida los mártires, se
entregan los misioneros, los laicos son santos, los religiosos tratan
de seguir más de cerca a Jesús.
Tenía una frase que
es imposible vivirla: una hipótesis imposible, pero que manifestaba su
encendido amor por Jesús:
Le decía que desearía irse al
infierno, para que al menos un alma (la de ella),
Lo ame desde allí.
Doctora de la Iglesia.
Fue declarada Doctora de
la Iglesia (la tercera mujer, después de Santa Catalina de
Siena y de Santa Teresa de Jesús), por su doctrina
innovadora y su manera de vivir la infancia espiritual, como
un camino que a todos nos puede ayudar para acercarnos
a Dios, que engendra y hacer crecer la vida de
Dios en nosotros.
Es fruto de su maternidad espiritual.
Una doctora o
un doctor de la Iglesia es un santo o santa
canonizado, que por supuesto no tiene error en su doctrina,
que su doctrina es eminente, elevada, y que la expresa
o vive de manera especial u original.
Y que ésta doctrina
sirve para que la pueda entender y practicar cualquier persona
del Pueblo de Dios, cualquier miembro de la Iglesia, desde
el Sumo Pontífice hasta el último feligrés.
Así fue ella con
la doctrina de la infancia espiritual como medio para engendrar
y hacer crecer la vida espiritual en las almas, propio
de una madre o un padre espiritual:
Lo novedoso fue
cómo expresó y vivió esta doctrina que es tan antigua
como el Evangelio de Jesús (Mc. 10, 13-16. Mt. 19,
13-15. Lc. 18, 155-17).
Algunas parábolas teresianitas.
Solía, en este aspecto, decir
que era la pelotita de Jesús (recordemos que su nombre
era Teresa del Niño Jesús –y de la Santa Faz-),
y como hacen los niños con la pelota, lo mismo
hizo Jesús.
La pelotita es tirada y pateada por el
suelo.
Significando sus sufrimientos, dificultades y problemas, incluso de fe.
Y,
como hacen todos los niños con sus juguetes, el “Niño
Jesús” la rompió “para ver lo que había dentro” (haciendo
referencia a sus numerosas pruebas y enfermedades, y a la
fidelidad interior demostrada en ellas).
Si Jesús nos sacara el corazón
para ver “lo que hay adentro”, ¿encontraría la fidelidad y
el amor incondicional que tenía Teresita, a pesar de nuestros
sufrimientos y dificultades?
¿Cuándo nos revuelcan por el suelo como la
pelotita al jugar los niños (cuando nos difaman, calumnian, dicen
o hacen cualquier clase de injusticia contra nosotros), se rebela
nuestra soberbia y nuestro orgullo, o consideramos que realmente lo
merecemos,
haciendo un ejercicio de humildad?
También nuestra madre Teresita utilizaba la
parábola del ascensor, para engendrar la vida de Dios en
nosotros:
Decía y enseñaba que el hacerse como niños y
abandonarse en las manos del Padre Celestial era el camino
más rápido para llegar hasta Él, como un ascensor que
nos eleva sin esfuerzo.
El camino más rápido para llegar al
cielo es como apretar un botoncito que nos eleva automáticamente:
Éste botoncito es el abandono confiado y filial en nuestro
Buen Padre Dios, que nos lleva como sin esfuerzo hasta
la eternidad por el camino para nosotros más fácil.
Cerca del
final:
La pequeña santa.
Dándose cuenta de que engendraba la vida
de la gracia en los demás, vamos a recordar también
algunos episodios cercanos al final de su corta pero fecunda
vida, que sigue siendo fecunda aún en nuestros días, y
lo seguirá siendo sin duda hasta el Final de los
Tiempos, en el que todos estaremos resucitados con Jesús.
Algunas cosas
del momento anterior a su partida a la eternidad, y
que hacen a su maternidad espiritual:
La atendían en la
enfermería del Convento, y en los momentos en que la
fiebre hacía que no se diera cuenta de lo que
decía para afuera de sus labios, repitió varias veces a
quienes la atendían: -“Están atendiendo a una pequeña santa”.
El
santo, la santa, engendran la vida.
Esto consta en el proceso
de canonización por el testimonio de varias hermanas que la
escucharon.
Cuando volvía en sí, y retornaba su conciencia,
las hermanas le comentaban lo que había dicho, y ella
lo negaba humildemente..., o por humildad...
“Una lluvia de rosas y
de fragancias rojas”.
Prometió que desde el cielo derramaría una lluvia
de rosas, significando las gracias que concedería a los que
se acogieran a ella para ir hacia Jesús, y por
Él al Padre.
Quería continuar su maternidad desde el cielo,
haciéndola más potente todavía, liberada de las limitaciones del tiempo
y del espacio terrenos.
“-Quiero pasar mi cielo haciendo el bien
en la tierra”, solía decir ya célebremente.
Y son numerosas las
gracias que recibimos a través de ella, lluvias de pétalos
de rosas y fragancias rojas:
Ternura y consuelo espiritual.
Aliento en
nuestras luchas y fortaleza en nuestras empresas.
Inspiración en nuestros
proyectos y alegría en nuestro llanto.
Gracias que engendran en
nosotros la vida que viene de Dios, vida eterna que
sana, cura, reconcilia y libera, dándonos plenitud de salud y
salvación espiritual.
Nos entrega la Vida de Jesús, la que Él
ha venido a traer.
Y que es Vida Total y
en Abundancia (Jn. 10, 10b).
La “gran misión universal”.
Y, aún estando
en la clausura inviolable de un Convento contemplativo, fue declarada
Patrona Universal de las misiones, junto a San Francisco Javier,
jesuita.
Y ciertamente misionó después de su partida hacia la
Casa del Padre, y no sólo con su doctrina e
intercesión, sino que visitó los más diversos países (incluyendo Rusia,
y, por supuesto, la Argentina) con sus reliquias, que la
hacían presente, paseadas en una réplica de vidrio de la
Basílica construida en Lisieux, su lugar de origen, en Francia,
que asemejaba un pequeño y hermoso castillo.
Yo tuve la
gracia de llevarla desde la Parroquia Santa Teresita del Niño
Jesús, en Banfield, al lado de la cual viví hasta
los 12 años, hasta el Convento carmelita de Rafael Calzada,
en el sur del Gran Buenos Aires, cuando nos visitó.
Por
eso para mí no sólo es madre espiritual, sino también
amiga en el Espíritu.
Una última perlita espiritual: Transfiguración final.
Si observamos
sus fotos, desde que tenía 8 años hasta los 24
en que falleció víctima de la tuberculosis, vemos que, al
morir, recobró la lozanía y luminosidad que tenía a los
quince años, cuando la enfermedad todavía no había hecho su
aparición.
Así mueren los santos.
Mueren de amor y por amor
a Jesús.
No hay desesperación, ni rostros desencajados:
Una leve sonrisa
luminosa, y la tez suave y tersa para ir al
encuentro del Señor.
Gustavo Daniel D´Apice - Profesor de
Teología
Pontificia Universidad Católica
Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla
(0264) 433-1239
/ 155-053326
www.es.catholic.net/gustavodaniel - //gustavodaniel.autorcatolico.org
www.sfn.org.ar/dialogando
Libro on line: http://es.catholic.net/escritoresactuales/524/490/articulo.php?id=33024
Consultas: http://www.es.catholic.net/consultas/consulta.php?id=111&com=1
http://www.almas.com.mx/almas/artman/publish/article_890.php
http://www.almas.com.mx/almas/artman/publish/article_950.php
Vistas: 94
|
- Por favor, mantenga el tópico de los mensajes en relevancia con el tema del artículo.
- Lenguaje inapropiado será borrado.
- Por favor, no use los comentarios para promocionar su sitio, ese tipo de mensajes serán removidos.
- Aségurse de *Recargar* la página para mostrar un nuevo código de seguridad antes de cliquear 'Enviar', en caso de haber ingresado un código incorrecto.
| |