En la religión cristiana se da el encuentro definitivo del hombre con Dios, porque Dios se ha hecho hombre.
Lo que el hombre puede decir de Dios está sometido a la limitación e
imperfección del hombre. Por eso hay religiones más o menos perfectas,
en la medida que expresen mejor o peor lo que Dios es.
Si una religión se presenta como originada por una acción de Dios, que
ha hablado de sí mismo a los hombres, a través de unos hombres elegidos
para ello y en un lenguaje que Dios mismo ha promovido, esa religión
tendrá las máximas garantías de perfección y plenitud. Es el caso de la
religión cristiana, que recoge todo lo que Dios dijo de sí mismo y del
mundo en la revelación del Antiguo Testamento, para preparar la venida
del Mesías. La religión cristiana-contiene, además, la revelación de
Jesucristo, el Mesías, que es, a la vez, Dios y hombre y que nos ha
hablado de sí mismo, de Dios, del hombre y del mundo.
Tanto en el Antiguo Testamento como en la revelación hecha por
Jesucristo, Dios ha avalado sus palabras con hechos sobrehumanos
(milagros), que son signos de su poder sobre todas las cosas.
La fe cristiana, encuentro definitivo con Dios
En la religión cristiana se da el encuentro definitivo del hombre con
Dios, porque Dios se ha hecho hombre. El Cristianismo no es, por tanto,
una búsqueda de Dios por parte del hombre, sino un descenso del mismo
Dios hasta el nivel del hombre. De este modo, a pesar de lo limitado de
su naturaleza, puede el hombre llegar a una comunicación muy íntima con
Dios.
En efecto, Dios creó al hombre y se le fue manifestando de diversas
maneras hasta el momento de la encarnación del Verbo. Por eso dice la
Carta a los Hebreos: -Muchas veces y en muchas maneras habló Dios en
otro tiempo a nuestros padres por ministerio de los profetas;
últimamente, en estos días, nos habló por su Hijo- (1, l).
Este universal designio de Dios en pro de la
salvación del género humano no se realiza solamente en una forma, en
cierto modo secreta, en el alma de los hombres, o también por
esfuerzos, incluso religiosos, con los que ellos buscan de muchas
maneras a Dios, por ver si a tientas lo tocan o lo encuentran, ya que
no está lejos de cada uno de nosotros (Act. 17, 27); porque estos
esfuerzos necesitan estar iluminados y sanados, aunque, por benigna
determinación de la providencia de Dios, pueden considerarse casi como
una pedagogía hacia el Dios verdadero, o como una preparación del
Evangelio.
Jesucristo esclarece el misterio del hombre
Como consecuencia del pecado original, el hombre había perdido el
auténtico sentido de su vida. Jesucristo, además de salvarnos, ha
iluminado la misma vida humana. Nos ha mostrado el camino para ser
verdaderamente hombres, según el plan que Dios tenía desde el
principio. Por eso dice el Concilio Vaticano 11 que -el misterio del
hombre se esclarece en el misterio del Verbo encarnado (...) Cristo,
manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la
sublimidad de su vocación- (GS, 22) Jesucristo ha dicho de sí mismo que
es -Camino, Verdad y Vida- (Jn. 14, 6); esto quiere decir que el hombre
encuentra en sus obras y en sus palabras las luces necesarias para
acomodar a ellas su conducta.
Pero no sólo restaura Jesucristo el sentido auténtico de la vida
humana, también devuelve a la descendencia de Adán la semejanza divina
deformada por el pecado. Jesucristo es el hombre perfecto, pero es
también la «imagen del Dios invisible» (cfr. GS, 22)
Y esto, «vale no sólo para los cristianos, sino también para todos los
hombres de buena voluntad, en cuyo corazón obra la gracia de modo
invisible. Cristo murió por todos, y la vocación suprema del hombre en
realidad es una sola, es decir, la divina. (ibíd.)
Cristo Jesús, pues, fue enviado al mundo como verdadero mediador entre
Dios y los hombres. -Por ser Dios, habita en El corporalmente toda la
plenitud de la divinidad (cf. Col. 2, 9); según la naturaleza humana,
nuevo Adán, lleno de gracia y de verdad (cf. lo. 1, 14), es constituido
cabeza de la humanidad renovada. Así, pues, el Hijo de Dios siguió los
caminos de la Encarnación verdadera para hacer a los hombres partícipes
de la naturaleza divina.
Influencia del Cristianismo en la Cultura
La religión cristiana ha venido a salvar al hombre. Al influir sobre el
hombre, influye sobre lo que éste produce, que es la cultura.
Resulta difícil resumir el influjo del Cristianismo en la cultura. La
cultura occidental puede decirse que es el resultado de la cultura
grecorromana y del Cristianismo. El Cristianismo utilizó todo lo
positivo que encontró en la cultura del mundo grecorromano. No tuvo
ningún inconveniente en hacerlo, porque los escritores cristianos de
los primeros siglos consideraban que el alto nivel cultural alcanzado
por Grecia y Roma era fruto de la Providencia divina, ya que Dios habla
querido preparar así la llegada de Jesucristo.
En efecto, la filosofía y arte griegos, el derecho y administración
romanos, entre otras cosas, serán incorporados en gran medida, a la
vida de la Iglesia.
Pero la religión cristiana eliminará todo lo que en esas culturas había
de imperfecto y, además, proyectará a alturas que griegos y romanos no
habían ni siquiera vislumbrado, esas mismas culturas. La Iglesia
purifícó de elementos inhumanos e inmorales algunas de las costumbres e
instituciones de aquel mundo.
Entre las cosas que pueden señalarse como aportaciones culturales propias del Cristianismo, señalamos las siguientes:
a) La dignidad de la persona humana, con todo lo que esto comporta. El
Cristianismo será el principal luchador contra la esclavitud, al
proclamar la igualdad de todos los hombres como hijos de Dios, creados
a su imagen y semejanza y redimidos por Jesucristo. También el
reconocimiento de esa dignidad trae consigo la condena del homicidio,
del suicido, de la tortura, de la mutilación, etc. Para el cristiano
los demás son el prójimo, son hermanos.
b) La defensa de la familia, como consecuencia de elevar el matrimonio,
institución natural, a la categoría de sacramento, es decir, uno de los
cauces concretos de la vida sobrenatural de la gracia. Este nuevo valor
dado al matrimonio incluye un concepto nuevo de la mujer, que en los
pensadores griegos era un ser de segunda categoría.
c) El valor de la libertad, que deriva de la dignidad de la persona.
d) La ordenación de la sociedad a Dios, que repercute en la valoración de la justicia.
e) La primacía de la caridad, que hará a los cristianos los campeones
de la beneficencia y de las obras en favor de los necesitadas.
f) La doctrina verdadera sobre Dios, el más-allá, etc., liberó a los
hombres de las tremendas esclavitudes de la magia, la superstición,
etcétera.
Aparte estos valores humanos, el Cristianismo ha promovido el arte, la
literatura, la música, etc. Baste con recordar, como ejemplo, que
gracias a la labor de copistas de los monjes medievales, conservamos la
mayoría de los tesoros literarios y científicos de la Antigüedad.
Y cuando la destrucción, por los llamados pueblos bárbaros, del Imperio
Romano de Occidente produce una generalizada desmoralización en las
regiones romanizadas, San Benito y sus monjes devolverán a Europa la
confianza, promoviendo la agricultura, la ganadería y una pequeña
industria.
La Buena Nueva de Cristo renueva constantemente la vida y la cultura
del hombre caído, combate y elimina los errores y males que provienen
de la seducción permanente del pecado. Purifica y eleva incesamente la
moral de los pueblos. Con las riquezas de lo alto fecunda como desde
sus entrañas las cualidades espirituales y las tradiciones de cada
pueblo y de cada edad, las consolida, perfecciona y restaura en Cristo-
(GS, 58), (Cf. C. Dawson, Dinámica de la Historia universal, Riaip.
1961).
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